Desolación en la 'fábrica de la felicidad'
Desolación en la 'fábrica de la felicidad'
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Los 600 trabajadores de la
embotelladora del gigante de los refrescos se debaten entre la
incredulidad y la indignación tras el cierre sorpresa anunciado por la
multinacional para «optimizar la zona norte»
Los estadounidenses la llaman la perla. "Nuestra Coca Cola ha ganado varios premios de calidad, se nota el agua de Madrid".
Uno de los trabajadores de la descomunal planta de Fuenlabrada presume
del refresco que se embotella en el polígono Niño del Remedio. En la
entrada, un cartel da la bienvenida a la «fábrica de la felicidad», convertida ayer en "un auténtico tanatorio", en palabras de un envasador del área de vidrio.
Como tras un fallecimiento inesperado, la plantilla reaccionó con estupefacción
a la noticia del cierre de la planta "que más produce de toda España",
según José María González, de UGT: 120 millones de cajas de botellas al
año, lo que genera más de 80 millones de euros de beneficios, asegura el sindicalista. "Todos nos lo hemos preguntado. ¿A qué viene esto? No nos cabe en la cabeza, ha sido como entrar en shock", añade Mercedes Pérez, de CCOO.
Ninguno de los 600 empleados se explica la decisión
de Iberian Partners, la empresa resultante de la fusión de las
diferentes embotelladoras que durante décadas se han repartido
territorialmente la producción de la universal bebida carbonatada en
nuestro país. Aunque cada uno tiene su teoría. "En esta planta tenemos las mejores condiciones laborales
de todas las embotelladoras de España, por eso han venido a por
nosotros", apunta un carretillero en la puerta de la fábrica. En su
opinión, han muerto de éxito. "Aquí ganamos unos 1.800 euros
incluyendo todos los suplementos. Nos cierran porque les sale más
barato producir en plantas del norte y pagar a los transportistas para
traer las botellas hasta Madrid". Eduardo, de 36 años, quiere creer que
todo quedará en un farol. "Es una forma de reventar la negociación, para
que en unos días nos digan que en realidad no se cierra, pero que nos
tenemos que bajar el sueldo".
Paradójicamente, la noticia del cierre de la planta de Fuenlabrada llegó el pasado martes sólo unas horas después de la firma del nuevo convenio de la plantilla con la empresa, donde se pactaba un incremento salarial del 0'75% para este año. "Nos han estado engañando, es una desfachatez
firmar el convenio por la mañana y recibir esta noticia por la tarde",
critica el representante de UGT. La planta también estaba acometiendo
obras de ampliación, con la construcción de una nueva nave.
En el bar Romero, aledaño a la fábrica, el logo de la marca
estadounidense es omnipresente. Un grupo de trabajadores se reúne fuera
en una improvisada asamblea. Juanjo es un "puto eventual", como les
llaman en la empresa. Trabaja como refuerzo en campañas como la de
verano, y no llega a cotizar más de cinco meses al año.
Lleva así una década. "He llegado a rechazar empleos de 2.000 euros
mensuales porque aquí tenía una expectativa, creía que era una empresa
estable", lamenta con cierta resignación. Aunque en esta época no
trabaja, hoy se ha acercado a la planta para compartir la noticia con
sus compañeros. Uno de ellos está convencido de que hay "razones políticas" en la decisión
de acabar con la producción en Fuenlabrada, consecuencia de la
integración de las antiguas "begas" (las familias que desde la década de
los 50 tienen licencia para embotellar el refresco estadounidense) en
una única empresa presidida por Sol Daurella, heredera del grupo Cobega,
el antiguo productor del refresco en Cataluña.
Desde Iberian Partners reconocen que se trata de "una decisión operativa y logística"
que ha optado por "optimizar la producción en la zona norte" de España
en detrimento de Madrid. "No hay razones económicas para cerrar la
planta, porque como todas es rentable", admite un portavoz. Argumentos
que la plantilla rebate con visceralidad. "Lo que están haciendo es
reestructurar sus abultadas cuentas, una empresa con beneficios no
debería poder hacer un ERE", sentencia uno de los currelas.
"Estamos jodidos pero contentos, porque de momento seguimos teniendo
trabajo", afirma Juanjo intentando no perder la esperanza, aunque la
dirección ha puesto fecha a la defunción de la planta: el 28 de febrero.
La cuenta atrás ha comenzado en Fuenlabrada.
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